Sandro Dias, apodado Mineirinho, salió de su retiro para establecer un récord mundial: descendió 70 metros en la rampa de skate más grande jamás construida, instalada en un edificio de Porto Alegre, alcanzando casi 100 km/h. La acrobacia duró solo unos segundos, pero su éxito dependió de una preparación exhaustiva.
Este viaje fue el tema de la entrevista del patinador en Bravamente, un programa de Carlos Burle en colaboración con NeoFeed , grabado en Nazaré, Portugal.
Mineirinho había oído muchas veces que la idea era imposible de llevar a cabo. Aun así, al principio, creía que lo único que necesitaba era valor para afrontar el reto.
Esta percepción cambió cuando tuvo acceso a estudios físicos realizados por ingenieros especializados, quienes proyectaron lo que sucedería durante el descenso: velocidades superiores a 120 km/h, impactos cercanos a 70 km/h y una carga de cientos de kilogramos en sus piernas. Con base en estos datos, comprendió que su talento no sería suficiente.
Empezó a ir al gimnasio, algo que siempre había evitado, y diseñó una rutina centrada en la fuerza y la resistencia, además de entrenamiento de velocidad en descensos largos, incluso siendo remolcado por un coche para simular las condiciones de la rampa. En una de sus primeras sesiones de entrenamiento, alcanzó unos 60 km/h y quedó impactado por la magnitud del reto.
“Estaba desesperado. Dije: ‘Dios mío, ¿qué estoy haciendo?’”, relató.
Con el tiempo, elevó el nivel e incluso superó las expectativas, entrenando más allá de la velocidad y el impacto que enfrentaría. El gran día, no sintió miedo. Su estrategia consistía en pensar que todo lo que había allí ya había sido probado antes y repetirse un mantra: «Lo inventé, me convencí, me preparé. Ha llegado el gran día. ¡Vamos!».
En su conversación con Burle, Mineirinho afirmó que la preparación mental era tan importante como la física. Además de transformar lo desconocido en algo familiar, redujo la presión sobre sí mismo al creer que el objetivo no era el disco, sino la realización de un proyecto con el que había soñado durante años. El reconocimiento llegaría después, como consecuencia.