Pocas empresas están tan bien posicionadas como la petrolera estadounidense Chevron para reconstruir el sector petrolero de Venezuela después del ataque de Estados Unidos al país que llevó al arresto del presidente y dictador Nicolás Maduro el sábado 3 de enero.

La salida de Maduro del poder abre una ventana estratégica para Chevron, que ha mantenido presencia en Venezuela durante décadas (la compañía comenzó a explorar petróleo en el país en 1923), incluso en medio de sanciones e inestabilidad política durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Actualmente, las operaciones de Chevron en Venezuela están limitadas por licencias especiales estadounidenses que prohíben el pago de regalías e impuestos al gobierno de Maduro.

Con la caída del régimen y la eventual normalización de las relaciones diplomáticas, estas restricciones podrían eliminarse, permitiendo contratos más lucrativos y una mayor previsibilidad para las inversiones.

La compañía produce aproximadamente 200.000 barriles diarios a través de diversas empresas conjuntas con la petrolera estatal venezolana PDVSA. Parte de esta producción se exporta a refinerías estadounidenses en la Costa del Golfo.

Ali Moshiri, entonces jefe de Chevron para América Latina, tenía una relación cercana con Chávez y buscó construir una asociación con el presidente venezolano en lugar de irse.

“No se puede tener una actitud de ‘entrar y salir’”, dijo Moshiri en una entrevista con Bloomberg News en 2005. “Tenemos que ir donde está el petróleo”.

Y hay muchísimo petróleo en Venezuela. El país posee alrededor del 17% de las reservas mundiales conocidas de petróleo, equivalentes a más de 300 mil millones de barriles, un volumen casi cuatro veces mayor que el de Estados Unidos y superior al de Arabia Saudita, según organizaciones internacionales del sector energético.

Una reanudación total de las operaciones daría a Chevron una posición privilegiada frente a sus competidores europeos y asiáticos, especialmente en un escenario de transición energética donde el petróleo pesado venezolano sigue siendo relevante para las refinerías especializadas.

Además, la compañía podría explorar oportunidades en gas natural e incluso minerales estratégicos, si las nuevas políticas permiten asociaciones en este sector.

Esta ventaja se debe a la postura pragmática de los ejecutivos que dirigen la petrolera. Mike Wirth, director ejecutivo de Chevron, declaró en diciembre pasado que seguía firmemente convencido de que la compañía permanecería en Venezuela.

“No elegimos dónde están los recursos”, declaró Wirth en la cumbre de directores ejecutivos del Wall Street Journal. “Si nos marcháramos cada vez que discrepáramos con un gobierno, acabaríamos marchándonos de todas partes, incluido este país”.

Todo parece indicar que esta posición ahora puede tener recompensa.