Jamie Dimon aprovechó su tradicional carta anual a los accionistas de JP Morgan Chase para lanzar una advertencia que va más allá del análisis habitual sobre bancos, crédito y economía. En opinión del director ejecutivo del banco más grande de Estados Unidos, la guerra en Irán podría convertirse en una nueva crisis inflacionaria, elevar las tasas de interés y provocar una corrección más severa en los mercados financieros.

En el documento publicado este lunes 6 de abril, Dimon afirma que el conflicto agrava un contexto ya marcado por la guerra en Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y la creciente fricción entre las grandes potencias. Según él, el riesgo reside en nuevas perturbaciones en el precio del petróleo y otras materias primas en los próximos meses, lo que podría acentuar la persistencia de la inflación y, en última instancia, provocar un alza de los tipos de interés.

Para él, el riesgo que el mercado aún trata con complacencia es el de que la inflación repunte en 2026. En la carta, resume esta amenaza con la expresión " el aguafiestas ": una especie de aguafiestas capaz de, por sí solo, hacer subir los tipos de interés y bajar los precios de los activos.

Dimon incluso recurre a la historia para respaldar su argumento. Señala que el rápido aumento de los precios del petróleo contribuyó a desencadenar importantes recesiones en las décadas de 1970 y 1980, aunque subraya que Estados Unidos hoy en día es menos vulnerable a este tipo de crisis que durante ese período.

Sin embargo, este paralelismo demuestra que, para él, la guerra no es solo un riesgo geopolítico abstracto, sino un acontecimiento con el potencial concreto de contaminar la actividad económica, los precios y los mercados. El papel estratégico del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas petroleras mundiales, ayuda a explicar por qué la energía se sitúa en el centro de la alerta.

La carta también amplía el enfoque más allá de la economía. Dimon argumenta que el resultado de los conflictos entre grandes potencias, incluidas las guerras en Ucrania e Irán, es más importante que sus efectos financieros inmediatos.

En otro pasaje, endurece su tono, afirmando que no se debe ignorar el papel del régimen iraní en el fomento del terrorismo y la muerte de miles de personas, entre ellas estadounidenses y ciudadanos iraníes, y argumentando que esta amenaza debe afrontarse adecuadamente. Este pasaje marca un punto de inflexión en el documento, más allá de lo meramente económico y de índole política.

Al mismo tiempo, el banquero no describe un colapso de la economía estadounidense. Al contrario. Según él, Estados Unidos se mantiene resiliente, con consumidores que conservan sus empleos y empresas en una posición relativamente sólida, aunque comienzan a aparecer algunos indicios recientes de debilitamiento. Esta resiliencia, sin embargo, coexiste con un contexto más frágil, sustentado por años de estímulos económicos, altos déficits y una creciente necesidad de inversión en infraestructura.

También enumera factores que podrían impulsar la actividad en 2026, como estímulos fiscales adicionales, un entorno regulatorio potencialmente más flexible y la expansión de las inversiones en inteligencia artificial.

Los economistas del banco estiman que el paquete fiscal propuesto por Donald Trump podría inyectar alrededor de 300.000 millones de dólares en la economía estadounidense, lo que equivale al 1% del PIB, mientras que se prevé que el gasto de las grandes empresas tecnológicas en IA aumente de 450.000 millones de dólares en 2025 a 725.000 millones de dólares en 2026. El problema, señala Dimon, es que algunos de estos factores también podrían impulsar la inflación a corto plazo.

Mercados privados, capital privado e inteligencia artificial

Aunque el tono de la carta es cauto, Dimon no ignora los factores que aún podrían sostener la economía estadounidense en 2026. Entre ellos, menciona estímulos fiscales adicionales, la perspectiva de una menor presión regulatoria y la multimillonaria carrera por la inteligencia artificial.

Según los cálculos de JP Morgan, se prevé que las inversiones de las grandes empresas tecnológicas en inteligencia artificial (IA) aumenten de 450.000 millones de dólares en 2025 a 725.000 millones de dólares al año siguiente. Sin embargo, esto no suaviza el panorama: según el ejecutivo, estos mismos factores podrían acabar reforzando las presiones inflacionarias que el mercado insiste en considerar temporales.

El documento también dedica un espacio considerable a los mercados privados, donde Dimon observa crecientes debilidades. En cuanto al crédito privado , afirma que este segmento probablemente no representa un riesgo sistémico para el sistema financiero, pero advierte que varias modalidades de crédito de mayor riesgo podrían sufrir pérdidas mayores de lo esperado en una desaceleración, en un momento en que los estándares crediticios están empeorando entre diversas entidades financieras.

Según él, la venta de productos de crédito privado a inversores minoristas requiere mayor transparencia y estándares más exigentes que los actuales. Asimismo, afirma que no todos los agentes que ofrecen crédito actualmente son necesariamente competentes, y que muchos entraron tarde en este mercado, por lo que es previsible que algunos tengan un desempeño mucho peor que otros cuando el ciclo cambie.

Las críticas no terminaron ahí. Dimon también arremetió contra el capital privado , otro blanco recurrente en sus cartas. Según él, con los mercados bursátiles en máximos recientes, resulta sorprendente que las firmas de capital privado —que controlan cerca de 13.000 empresas— no hayan aprovechado mejor la bonanza para sacar a bolsa estos activos. Para el CEO de JP Morgan, esta indecisión genera dudas sobre qué ocurriría con estas carteras en un mercado bajista prolongado.

El banquero también reiteró sus críticas a ciertos aspectos de la regulación bancaria estadounidense. Describió algunos aspectos de las normas de capital como muy deficientes y reiteró sus críticas al recargo aplicado a los bancos de importancia sistémica, el llamado « recargo GSIB ». Incluso después de los ajustes recientes, argumenta Dimon, el requisito sigue siendo excesivo en el caso de JP Morgan.