Al día siguiente de la investidura de Xi Jinping como presidente de China, el 14 de marzo de 2013, el programa anual del Día del Consumidor, emitido por la televisión estatal, acusó al gigante estadounidense Apple de tratar peor a los clientes chinos que a los compradores de otros países. Fuera de China, los iPhones se reemplazaban. Pero en el mercado chino, solo se reparaban con piezas reacondicionadas.

En primer lugar, la empresa negó las acusaciones. Afirmó que sus garantías eran prácticamente las mismas en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos, y que la experiencia de usuario que ofrecía era inigualable. Sin embargo, la situación no hizo más que empeorar. Los medios estatales lanzaron un ataque coordinado contra el gigante tecnológico.

Por ejemplo, el Diario del Pueblo publicó un editorial titulado: «Acabemos con la arrogancia “sin precedentes” de Apple». El texto afirmaba que el problema radicaba en el «sentido de superioridad occidental». Insinuaba que la empresa explotaba a la población del país porque «no hay riesgo de ofender al consumidor chino y, además, esto reduce los costes».

La campaña tenía un tono amenazante: esos clientes habían "mantenido los extraordinarios resultados de la marca".

En el libro de Patrick McGee, Apple en China: La conquista de la compañía más grande del mundo, esta historia se narra en detalle. Inédito hasta entonces en Brasil, el libro ganó el premio SABEW al Mejor Libro de Negocios de 2025 en la categoría de Periodismo Empresarial.

El episodio puso de manifiesto la enorme dependencia que Apple ha desarrollado respecto a China. Desde 1996, la empresa fundada por Steve Jobs ha ido abandonando gradualmente su propia producción en Estados Unidos y ha externalizado la fabricación.

Con el tiempo, el país asiático se convirtió en el centro de esta estrategia, gracias a una combinación de políticas gubernamentales y una mano de obra abundante y barata.

La competitividad china se basaba en "salarios bajos, escasas prestaciones sociales y una precaria situación de los derechos humanos". Y la eficiencia de esta cadena de producción fue crucial para el éxito de Apple. Al frente de la compañía desde 2011, Tim Cook nunca se ha caracterizado por la innovación de productos, sino por su capacidad para organizar y expandir las operaciones de la empresa a nivel global.

El caso de los iPhones recuperados puso al descubierto algo aún más profundo: el papel decisivo de Apple en la configuración de la industria tecnológica china actual.

Durante dos décadas, la empresa invirtió miles de millones de dólares en el país, capacitó a millones de trabajadores y construyó un sistema de fabricación y logística que se convirtió en el más avanzado de la historia. A su vez, transfirió conocimientos, habilidades y poder.

De este modo, entregó a los chinos las herramientas que desafiarían la supremacía tecnológica estadounidense. Además, Apple se posicionó en el centro de una "guerra fría" entre las dos superpotencias.

McGee fue el reportero principal del Financial Times que cubrió a Apple desde 2019 hasta 2023. Basándose en cientos de entrevistas y documentos exclusivos, el autor ha elaborado un relato convincente que revela, por primera vez, la vulnerabilidad del gigante de Cupertino.

Al mismo tiempo, muestra cómo el triunfo de una sola empresa acabó por remodelar el equilibrio de poder global, sin que esto estuviera previsto.

Além de centenas de entrevistas exclusivas, o jornalista Patrick McGee teve acesso a documentos inéditos para fazer o livro

Com 448 páginas, "Apple in China" é considerado um dos melhores livros de 2025 (Foto: Scribner Book Company)

Cuando comenzó la campaña mediática china contra Apple, el mercado de la compañía en el país asiático se expandía rápidamente. Los ingresos habían pasado de menos de 1.000 millones de dólares en 2008 a casi 23.000 millones de dólares en 2012. Sin embargo, tras el ataque, las ventas se desplomaron.

Un documento interno de Apple indicaría más tarde que el descenso "probablemente estuvo influenciado por la decisión del gobierno chino de atacar a Apple en el Día del Consumidor".

En cuestión de semanas, la empresa pasó de una posición de confianza al temor a un boicot. Dieciocho días después de la crisis, Cook publicó una carta de disculpa en mandarín, en la que expresaba un “inmenso respeto” por China y reconocía que la “falta de comunicación” había hecho que Apple pareciera arrogante. También anunció una política de reemplazo de iPhone aún más favorable que la ofrecida a los estadounidenses.

Dentro de Apple surgieron dos interpretaciones del incidente. Una consideraba el ataque como una demostración de poder deliberada del gobierno chino, con la intención de recordar a los estadounidenses su posición de subordinación. La otra sugería que, efectivamente, existían problemas para los consumidores chinos, principalmente debido a la venta de dispositivos pirateados y la proliferación de tiendas Apple falsas en el país.

Muchos fueron engañados y culparon a la empresa cuando no recibieron ayuda. Así que, si bien la indignación era legítima, técnicamente las acusaciones carecían de fundamento. Independientemente de la interpretación, el episodio marcó un antes y un después, afirma McGee.

Apple se dio cuenta de que estaba muy expuesta a la política china y carecía de una estrategia clara para tratar con el gobierno del país asiático. La compañía dependía de socios como Foxconn para negociar con las autoridades locales y no tenía ningún equipo directivo con sede en China.

Al mismo tiempo, su presencia en el país era enorme. En 2012, el valor de la maquinaria de la empresa en territorio chino ya alcanzaba los 7.300 millones de dólares estadounidenses, más que sus edificios y tiendas en Estados Unidos.

La empresa había descubierto cómo producir "los mejores productos del mundo sin fabricar nada directamente": enviaba ingenieros para capacitar a los trabajadores, instalar maquinaria y coordinar cadenas de suministro complejas.

A partir de ahí, McGee relata cómo Apple utilizó China como base para convertirse en la empresa más valiosa del mundo y pagó un alto precio por ello: la dependencia de un régimen autoritario. Como resume el autor, «no se trata solo de la globalización de la electrónica, sino de su "chinoización"».

El periodista argumenta que esta decisión empresarial, motivada inicialmente por razones económicas, tuvo consecuencias geopolíticas inesperadas, ya que Apple ayudó a fortalecer el sector industrial y tecnológico chino y contribuyó al ascenso del país como rival estratégico de Estados Unidos.

Finalmente, McGee presenta la relación entre Apple y China como una de las paradojas centrales de la economía global contemporánea: una empresa que simbolizaba el capitalismo estadounidense ayudó (significativamente) a fortalecer el poder industrial de un rival geopolítico, y hoy le resulta difícil reducir esa dependencia.