A sus 30 años, Fernando Romboli tuvo que responder a la pregunta que todo emprendedor conoce bien: persistir, cambiar de rumbo o salir de un mercado. En su caso, el mercado era el tenis profesional.
La decisión no solo involucró sueños o vocación, sino también el costo, las expectativas de retorno y la comprensión de la situación. Siete años después, el resultado de esa elección lo colocó en la cima del ranking brasileño de dobles y en la cima de su carrera, a los 37 años.
Esta semana debuta junto a su compatriota brasileño Marcelo Melo en el Abierto de Australia, uno de los cuatro grandes torneos de tenis del mundo, junto con Roland Garros, Wimbledon y el US Open, como el 39º mejor doblista del mundo.
Romboli no decidió cambiar de individuales a dobles tras una derrota importante ni en medio de una crisis emocional. Llevaba años rozando el top 200 del ranking, compitiendo en clasificatorios de Grand Slam y torneos Challenger en una época en la que Roger Federer , Rafael Nadal y Novak Djokovic ascendían y se consolidaban como los mejores de todos los tiempos (GOAT) del deporte.
Pero hubo un problema estructural que afectó el sistema de puntuación de los tenistas. "Hubo un cambio de reglas por parte de la ATP [Asociación de Tenistas Profesionales] que, en la práctica, me quitó la oportunidad de seguir jugando individuales", dice en una entrevista con NeoFeed desde Australia.
Con un ranking cercano al 500 en individuales -su mejor ranking fue el 236, en junio de 2011- y en torno al 190 en dobles, tuvo que elegir entre volver a jugar en torneos más pequeños, con altos costes y poco retorno, o concentrar su energía donde aún había margen para crecer.
En el tenis, como en los negocios, existen niveles invisibles. Por debajo de cierto nivel, el esfuerzo aumenta exponencialmente, mientras que la rentabilidad financiera y competitiva disminuye.
“Para seguir jugando simple, tendría que invertir mucho más dinero. En ese momento sabía que no tenía sentido”, dice Romboli.
Mientras muchos consideran abandonar el deporte de alto rendimiento, Romboli tuvo la madurez para adaptar su negocio. Comenzó a dedicarse exclusivamente a los dobles, no como un plan B para su carrera, sino como una estrategia.
Cuestión de supervivencia
En el circuito profesional, el dobles tiene su propia lógica. A diferencia del ranking individual, estar entre los 100 mejores no garantiza el acceso a los torneos más importantes.
"En dobles, el equivalente a estar entre los 100 mejores en individuales es estar entre los 70 mejores", afirma.
Romboli, oscilando entre los puestos 80 y 120 del ranking mundial, pasó varios años sin poder superar la burbuja. Sin embargo, su persistencia persistió.
"No fue una decisión emocional. Sabía que estaba bien posicionado en el dúo y que había un camino viable hacia adelante".
Esta claridad resultó esencial. En 2025, rompió la barrera: una semifinal en el Masters 1000 de Indian Wells, un título en el torneo ATP de Houston (junto al australiano John Patrick Smith) y sólidas actuaciones en Roland Garros, Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos. Los rankings respondieron, y alcanzó su máximo potencial precisamente en su mejor momento.
"Hoy en día, la edad ha cambiado. Hay muchos jugadores mayores de 40 años en lo más alto del panorama de dobles. El juego es mucho más mental, más basado en la toma de decisiones", afirma.
Costo invisible
Detrás de este viaje hay un coste invisible para quienes solo ven tenis por televisión. El tenista no recibe un salario; es un inversor. Vuelos, hoteles, cuerpo técnico, comida: todo sale del bolsillo del atleta. Y el premio en metálico a menudo solo cubre estos gastos.
“Un jugador retador rara vez pierde dinero, pero sale a flote”, dice Romboli. “Inviertes con la esperanza de superar una barrera. Si no lo logras, te quedas en el camino”.
Ahora en lo más alto del ranking, el tenista brasileño cuenta con el patrocinio de la marca de ropa deportiva Live!, iFood Benefícios y la empresa de software Prognum. Sin embargo, antes de eso, tomó otra decisión poco convencional.
Para seguir compitiendo, Romboli tuvo que emprender y creó 3F Travel, una agencia de viajes que empezó gracias al boca a boca y creció sin redes sociales. "Me autofinanciaba", dice.
El negocio le proporcionó la seguridad financiera para seguir en el circuito cuando carecía de patrocinadores. También le planteó nuevos retos, como dividir su tiempo entre la formación y la gestión de la empresa.
"A veces me saltaba los entrenamientos para solucionar problemas. Pero sin eso, quizá ni siquiera estaría jugando", afirma.
A sus 37 años, Romboli vive el mejor momento de su carrera. Y no ve ninguna contradicción en ello. En el tenis, especialmente en dobles, ganar no se trata de jugar mejor siempre, sino de jugar mejor en los puntos decisivos.
Esta perspectiva también trasciende el ámbito judicial. Reconoce las limitaciones de visibilidad que enfrentan ambos, en particular la dificultad para atraer patrocinadores importantes.
Aun así, sigue siendo ambicioso. Quiere llegar al top 30, al top 20, al top 10. No por vanidad, sino porque sabe que aún tiene margen de crecimiento.
La trayectoria de Romboli también contribuye a contar la historia reciente del tenis brasileño. Empezó a jugar de niño, impulsado por la llamada Gugamanía a finales de los 90, cuando Gustavo Kuerten ponía a Brasil en la cima del deporte mundial.
Dos décadas después, alcanza la cima de su carrera en un nuevo ciclo, marcado por la consolidación de Bia Haddad Maia en el circuito femenino y el meteórico ascenso de João Fonseca , considerado la gran promesa de la nueva generación brasileña. De un momento a otro, el tenis brasileño cambió, y Romboli con él.