Brasilia - Las facturas de agua y alcantarillado para millones de brasileños podrían encarecerse en 2027. Y no se debe a la falta de inversión, sino a una legislación excesiva.
La pugna entre las empresas concesionarias y el Congreso Nacional, alimentada por proyectos de ley que modifican las tarifas y la llegada de la reforma tributaria, está creando una zona de incertidumbre jurídica que ejerce presión sobre el equilibrio de los contratos de concesión en el sector del saneamiento.
La presión proviene de dos frentes simultáneos. Por un lado, está la reforma tributaria, que entrará en vigor en 2027 y se prevé que incremente la carga impositiva de las empresas del sector en un promedio del 18%. Actualmente, las empresas de saneamiento básico solo están sujetas al PIS y al Cofins, es decir, a una tasa del 9,25%. Tras la reforma tributaria, comenzarán a pagar los nuevos impuestos CBS e IBS, que incorporan el ICMS y el ISS y pueden alcanzar el 28%.
El segundo frente involucra una serie de proyectos de ley que actualmente se están tramitando en el Congreso. Estos proyectos buscan eliminar o reducir las tarifas cobradas por los servicios, lo que afectaría los ingresos que las empresas ya habían proyectado al firmar los contratos de concesión.
Según abogados y entidades del sector consultadas por NeoFeed , el resultado es una situación de menores ingresos proyectados y mayores impuestos a pagar (los contratos deberán renegociarse). En definitiva, los consumidores tienden a pagar más por su factura de agua.
El caso más urgente se está tramitando en la Cámara de Diputados. Un proyecto de ley presentado por el congresista Carlos Jordy (PL-RJ) modifica la forma en que se calculan las tarifas de agua en condominios con varias unidades que utilizan un único contador de agua.
La propuesta estipula que la tarifa se calcule dividiendo el consumo total entre el número de unidades y elimina la denominada "tarifa mínima", que actualmente se cobra a cada residente. La Cámara ya aprobó la urgencia del proyecto, y el ponente, el diputado Kim Kataguiri (Missão-SP), afirma que tiene previsto someterlo a votación la próxima semana.
En su informe, Kataguiri rediseñó la propuesta para sustituir la tarifa mínima por una cuota básica más baja, siguiendo las recomendaciones ya adoptadas por la Agencia Nacional de Agua y Saneamiento (ANA). La diferencia radica en que, de aprobarse, el nuevo modelo sería obligatorio por ley, con un plazo de dos años para que las empresas se adapten.
"El informe no aborda el tema de los impuestos. Nuestra discusión se centra en los pagos por infraestructura. No aumenta los costos; es un rediseño del sistema para que quienes no pagan comiencen a hacerlo", declaró Kataguiri a NeoFeed .
"Se lo propondré a los líderes en la próxima reunión de la junta directiva e intentaré que se vote la semana que viene. Hasta ahora, ningún partido se ha opuesto y ninguna empresa se ha puesto en contacto conmigo", añadió.
El propio ponente admite que el modelo actual es más favorable para las empresas, pero argumenta que genera "efectos socialmente injustos". Al cobrar por un volumen que no necesariamente se consume, la tarifa mínima puede "penalizar a los usuarios de bajo consumo, como las familias de bajos ingresos o las personas que viven solas, y fomentar el despilfarro, ya que el coste marginal del consumo hasta el límite de la franquicia es cero", señala el informe.
El sector discrepa. «Esto nos preocupa, porque al comprometerse con la inversión, se cuenta con esos ingresos. Si estos cambian, hay que reajustar financieramente el contrato», afirma Felipe Cascaes, Director Jurídico y Legislativo de la Asociación Brasileña de Empresas de Saneamiento (Abcon). «Si no se alcanzan los ingresos, el costo debe redistribuirse. Si este proyecto se lleva a cabo, sin duda generará un aumento de tarifas para toda la sociedad».
El proyecto de ley de Jordy es solo el más urgente. Abcon ha identificado al menos cinco proyectos de ley en consideración en ambas cámaras que modifican la estructura tarifaria del sector, entre ellos una propuesta que establece una tarifa social de agua para microempresarios y templos religiosos.
Reacción de la industria
Ante este panorama, el sector se está organizando en Brasilia. Su principal objetivo es impulsar la aprobación de una enmienda constitucional propuesta por el senador Eduardo Gomes (MDB-TO) que equipara los servicios de saneamiento con los de salud dentro de la reforma tributaria, reduciendo así el impacto del nuevo sistema en las tarifas. La enmienda constitucional de la oposición debe aprobarse este año para que las empresas puedan calcular sus solicitudes de reajuste contractual de manera oportuna.
"La gente va a pagar una factura más alta el año que viene. Y todo esto afecta a los centros de costes de las empresas", afirma Cascaes. "Estamos intentando convencer al Congreso y al poder ejecutivo de que es necesario realizar este ajuste".
El temor es que tanto la reforma tributaria como los proyectos de ley comprometan el progreso alcanzado en el marco legal de saneamiento, aprobado en 2020, que incentivó la entrada de capital privado. De 2019 a 2025, el número de municipios con participación privada en el sector aumentó de 291 a 1820, lo que representa un crecimiento del 525 %. En 2024, el sector alcanzó un récord de inversiones, con 29.100 millones de reales invertidos.
"Cualquier proyecto que altere la estructura tarifaria genera una alerta en el sector. Nuestra preocupación radica en interferir con lo que ya está en marcha", afirma Cascaes.
Es en el ámbito jurídico donde el panorama se vuelve más complejo, y donde el riesgo de trasladar el coste al consumidor se hace más evidente.
La abogada Bruna Brites, socia de Andrade Maia Advogados, explica que muchos contratos de concesión y asociaciones público-privadas se estructuraron bajo la lógica de la legislación tributaria vigente. Con la reforma y los posibles cambios arancelarios aprobados por el Congreso, estos contratos deberán revisarse, y el plazo es ajustado.
«Estos contratos tendrán que ajustarse, y las concesionarias tendrán que darse prisa para restablecer el equilibrio, teniendo en cuenta el CBS», afirma. «Si estos contratos no se reequilibran para finales de este año, el aumento se reflejará en las tarifas del agua».
Para Daniela Poli Vlavianos, socia de Poli Advogados e Associados, el problema va más allá del reequilibrio inmediato. Los cambios legislativos que modifican la lógica de remuneración de las concesionarias podrían aumentar la percepción de riesgo regulatorio para los inversionistas nacionales y extranjeros, precisamente en un sector que aún necesita una fuerte inversión privada para cumplir con los objetivos de universalización del marco legal.
«Los inversores en infraestructuras analizan la estabilidad regulatoria, la rentabilidad a largo plazo y la capacidad de renegociar contratos. Cualquier indicio de incertidumbre legislativa tiende a aumentar los costes de financiación y a reducir la competitividad en las nuevas subastas», subraya.
El marco de saneamiento estableció el objetivo de universalizar el acceso al agua (99%) y al alcantarillado (90%) para 2033. En opinión de las empresas, la incertidumbre jurídica que está surgiendo podría poner en peligro el progreso que ha costado años construir.
"Es probable que el próximo año marque el comienzo de un intenso debate sobre cómo conciliar la reforma fiscal, el equilibrio contractual y las tarifas asequibles para los servicios públicos esenciales", afirma Vlavianos.