En la búsqueda de un entorno virtual más controlado, la idea de una "adultez digital" está ganando terreno en todo el mundo. El martes 21 de julio, Francia se convirtió en el primer país de la Unión Europea en prohibir el acceso a aplicaciones y redes sociales a los menores de 15 años.

Australia fue pionera en este enfoque al aprobar una ley en diciembre de 2025 que restringe el uso de estas plataformas por parte de niños y adolescentes. En el Reino Unido, se espera que una legislación similar entre en vigor a principios de 2027, mientras que España, Dinamarca, Noruega y Turquía también están considerando iniciativas en la misma dirección.

En Brasil, la creación del Estatuto de la Infancia y la Adolescencia (ECA) digital en 2025/2026 estableció una serie de normas destinadas a proteger a los usuarios menores de edad, como la verificación de edad y la vinculación de las cuentas de menores con las de adultos. Ante la iniciativa del gobierno de legislar sobre un tema tan delicado, surgen varias preguntas.

¿Por qué este giro hacia la acción regulatoria en este momento?

Hemos visto numerosos reportajes en los medios de comunicación de todo el mundo sobre los efectos nocivos del uso de las redes sociales en el desarrollo neurológico, psicológico y social de los jóvenes. Este hecho nos preocupa como sociedad y lo consideramos un grave problema de salud pública.

Si creemos que los niños y adolescentes de hoy serán los adultos económica y socialmente activos del futuro, es natural que esta percepción genere inseguridad, ansiedad e incluso desesperanza.

Este panorama se vuelve aún más alarmante cuando los datos de investigaciones científicas muestran un aumento significativo en los casos de trastornos mentales y emocionales en personas menores de 18 años.

En este contexto, la presión social está impulsando a los gobiernos a actuar con mayor objetividad, lo que culmina en el desarrollo de herramientas legales que pueden ayudar a contener el deterioro de la salud mental dentro del tejido social, tanto en el presente como en el futuro.

¿Existen motivos reales para preocuparse?

Desde el punto de vista neuronal, el cerebro humano permanece en intenso desarrollo durante muchos años después del nacimiento. La construcción de una personalidad capaz de regular las emociones, controlar los impulsos, planificar acciones, establecer vínculos emocionales y tomar decisiones depende de este largo y complejo proceso de maduración.

La madurez necesaria para que una persona actúe de forma segura y autónoma a lo largo de la vida exige la experiencia saludable de las diferentes etapas del desarrollo biológico, psicológico y social.

Actualmente, la ciencia entiende que los niños y adolescentes necesitan una rutina adecuada de sueño, nutrición y actividad física como base esencial para el correcto desarrollo de sus cuerpos y cerebros.

Además, los estímulos y el entrenamiento son necesarios para construir redes neuronales que constituirán los patrones emocionales, cognitivos y conductuales que se utilizarán a lo largo de la vida.

"Debemos admitir que no hay opciones sin concesiones y pérdidas."

Debemos recordar que nuestros cerebros evolucionaron en un entorno muy diferente al del mundo digital. Por lo tanto, el uso intensivo de las redes sociales plantea nuevos desafíos para su funcionamiento, especialmente durante el neurodesarrollo. Es natural, entonces, que se produzcan distorsiones en el proceso.

La ciencia aún no cuenta con evidencia concluyente para afirmar que el uso de las redes sociales causa trastornos mentales y emocionales en la infancia y la adolescencia. Sin embargo, algunos estudios señalan una asociación entre la exposición a estas plataformas y un mayor malestar psicológico en este grupo de edad.

Un factor agravante es la sustitución del tiempo dedicado a experiencias del mundo real por tiempo invertido en el entorno virtual.

Reducir las oportunidades para jugar, interactuar con los demás, afrontar conflictos, desarrollar tolerancia a la frustración y practicar la paciencia compromete la formación de la personalidad y las habilidades sociales, con consecuencias para el individuo y para la sociedad en su conjunto.

Los adultos criados en este contexto corren un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental, así como dificultades para desenvolverse e integrarse socialmente. Por lo tanto, que como sociedad nos preocupemos por este tema no solo es apropiado, sino necesario y profundamente realista.

¿Merecen la pena las leyes que limitan el acceso de niños y adolescentes al mundo virtual?

Teniendo en cuenta los impactos negativos asociados al uso temprano e intensivo de las redes sociales por parte de niños y adolescentes, los beneficios de restringir este comportamiento se hacen evidentes.

Entre las principales consecuencias se encuentran: menor interferencia en el desarrollo cerebral, más tiempo para fortalecer las funciones cognitivas y las habilidades sociales, menor exposición a comparaciones poco realistas, reducción de los riesgos de acoso y violencia en línea, y más oportunidades para experimentar plenamente el mundo real.

Algunos argumentan que esta defensa presenta problemas, como la reducción del acceso a la información o la dificultad para comunicarse virtualmente con familiares y amigos. Debemos reconocer que no existen opciones sin concesiones y pérdidas.

La pregunta crucial sobre la que debemos reflexionar como comunidad es: ¿qué tipo de sociedad valoramos y queremos construir? ¿Qué características, habilidades y formas de interacción humana consideramos indispensables para el funcionamiento de la vida colectiva?

Sin claridad sobre los valores y principios que nos guían, la confusión sobre el papel de las redes sociales y la tecnología en nuestra vida cotidiana es una consecuencia natural. Por lo tanto, necesitamos definir: ¿qué es lo más valioso para nosotros como sociedad?

* Nina Ferreira es psiquiatra y psicoterapeuta, socia fundadora de la clínica LuxVia en São Paulo, creadora de la aplicación Clube Potente Mente y autora del libro Sinto Muito!