Cuando Ernesto Simões llegó a Hawái en 1995, jamás imaginó que casi tres décadas después estaría dirigiendo una empresa especializada en algunas de las residencias más exclusivas del archipiélago. En aquel entonces, aquel hombre de Bahía era simplemente otro joven apasionado por el mar.
"Fue amor a primera vista", dijo en una entrevista con Carlos Burle en Bravamente , un programa patrocinado por NeoFeed .
Hoy, como director de Kauai Bahia Holdings, Ernesto lidera una operación que desarrolla desde viviendas para la comunidad local hasta mansiones que pueden alcanzar los 25 millones de dólares estadounidenses. Sin embargo, para llegar hasta allí, tuvo que dar un giro radical a su vida.
Criado en Salvador, cuenta que era un surfista de verano. Nunca tuvo un talento natural para las olas, pero este deporte cobró importancia cuando se mudó a California para estudiar negocios internacionales. Fue durante ese período que el surf dejó de ser un simple pasatiempo para convertirse en una verdadera pasión.
Poco después, durante un viaje a Hawái, sintió el deseo de construir una vida allí. Sin embargo, ese plan quedó en segundo plano. Ernesto regresó a Brasil, desarrolló una carrera empresarial junto a sus hermanos en el sector de los medios de comunicación y pasó más de dos décadas alimentando su sueño desde la distancia.
El cambio se produjo en 2016. Tras la venta del negocio familiar, su hijo sufrió una apendicitis que derivó en una infección sistémica y pasó días debatiéndose entre la vida y la muerte en la UCI. Este episodio sirvió de detonante para llevar a cabo un proyecto que llevaba más de 20 años paralizado.
"Le prometí que si salía de allí sano y salvo, cambiaría mi vida", afirmó.
Meses después, la familia se mudó a Hawái. El objetivo era pasar más tiempo con su hijo y brindarle una infancia similar a la que vivió en Salvador, con la libertad de jugar en la calle y socializar con amigos lejos de la rutina de las grandes ciudades.
Para respaldar este nuevo estilo de vida, Ernesto fundó Kauai Bahia Holdings. El objetivo era traer al mercado hawaiano elementos que contribuyeron a transformar la arquitectura residencial brasileña en un referente internacional.
Los proyectos, diseñados por el arquitecto Caio Bandeira, combinan amplios espacios integrados, un uso extensivo de la madera, iluminación natural y una fuerte conexión con el paisaje.
"Es el encanto de una casa bahiana adaptada al mercado estadounidense", resumió.
Para expandir el negocio, la empresa desarrolló su propia cadena de producción. Gran parte de la carpintería, los muebles y los acabados se fabrican en fábricas de Indonesia y se envían a Hawái, lo que reduce la dependencia de la escasa mano de obra local.
Este modelo permitió a la empresa ocupar un nicho prácticamente inexplorado en el segmento de alta gama de la región. Actualmente, Kauai Bahia Holdings desarrolla proyectos por un valor de hasta 25 millones de dólares estadounidenses.
Sin embargo, recientemente Ernesto se vio presionado por el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, que encarecían el crédito, reducían la liquidez y hacían que los compradores fueran más cautelosos. Fue entonces cuando descubrió una conexión entre los negocios y su pasión por el surf de olas grandes.
"La adrenalina y la presión son muy similares", dijo.
Según él, los protocolos de preparación física y mental desarrollados para afrontar las olas gigantes ayudaron a superar la desaceleración del mercado sin abandonar los planes de expansión.