La idea del hogar como refugio se ha convertido en uno de los clichés más recurrentes de la era pospandémica. Desarrolladores, marcas y revistas la han repetido hasta la saciedad, casi hasta perder su significado. Pero ahora se observa un cambio más concreto. El hogar comienza a valorarse por su capacidad de devolver a sus habitantes parte de la energía que consume la vida cotidiana.
Esto transforma el papel de la decoración . Durante mucho tiempo, los interiores se consideraron meros escenarios representativos, destinados a comunicar gusto, estatus o modernidad. El nuevo enfoque no elimina la imagen, sino que la subordina a la función emocional del espacio. La pregunta deja de ser simplemente "¿qué aspecto tiene esta casa?" y comienza a incluir "¿cómo influye en el funcionamiento de las personas?".
Esta diferencia entre apariencia y funcionalidad se evidencia en los datos del Informe sobre la Vida en el Hogar 2024, encargado por IKEA , que encuestó a 38.630 adultos en 39 países. Según la encuesta, el 36% considera importante sentir placer en casa, pero solo experimenta esta sensación a veces, rara vez o nunca.
El sueño se perfila como la actividad principal asociada al bienestar físico y mental. La organización, los pasatiempos, la compañía y la personalización también se relacionan con una mayor satisfacción en el hogar y una perspectiva más positiva del futuro.
La encuesta fue encargada por una marca de productos para el hogar y debe interpretarse teniendo en cuenta ese interés. Sin embargo, su magnitud ayuda a visibilizar una transformación: el hogar ya no es un espacio neutro.
Puede reducir la fricción, favorecer el descanso, generar un sentimiento de pertenencia y potenciar la sensación de control. Sin embargo, también puede tener el efecto contrario. El ruido, el calor, el desorden, la falta de privacidad y los entornos incompatibles con la rutina agotan la energía, incluso cuando la propiedad luce impecable en las fotografías.
Aquí es donde el diseño deja de ser un mero toque final. Organiza la luz, la circulación, la acústica, el almacenamiento, la temperatura y los límites entre el trabajo, el descanso y la interacción social. Un hogar emocionalmente eficiente no necesita una sauna ni una sala de meditación. Necesita minimizar las distracciones y apoyar los rituales auténticos de quienes lo habitan.
Este cambio también se evidencia en la concepción de los interiores. La editora británica Michelle Ogundehin denominó a este enfoque, menos preocupado por la apariencia de simplicidad y más atento a cómo los espacios respiran, envejecen y afectan el bienestar, "nuevo purismo".
La madera maciza, la piedra, la arcilla y las superficies táctiles reaparecen no solo como lenguaje estético, sino también por su durabilidad y su capacidad de envejecer sin parecer obsoletas. El interior deja de ser una imagen rígida y vuelve a abrazar el uso, la memoria y la transformación.
"El mercado está empezando a premiar las propiedades que prometen un ritmo más pausado, identidad propia y menos fricciones operativas."
El mercado inmobiliario ya ha comenzado a reflejar parte de este deseo en los precios. En marzo de 2026, Zillow, una plataforma digital para el mercado inmobiliario estadounidense, analizó más de 2 millones de propiedades anunciadas en Estados Unidos en 2025 y comparó más de 600 términos presentes en las descripciones con los precios de venta reales.
Las casas con muelles se vendieron un 5,4% más caras de lo esperado; las cocinas exteriores, un 4,4%; y las duchas exteriores, un 4,3%. El término "casa de campo" se asoció a una prima del 3,2%, mientras que las chimeneas exteriores añadieron un 2,8%.
El dato más relevante, sin embargo, reside en la combinación de personalización y menor desgaste. Las características personalizadas incrementaron el precio en aproximadamente un 3%. Las propiedades listas para habitar se vendieron un 2,9% por encima de lo esperado. Por otro lado, aquellas que requerían reformas sufrieron un descuento promedio del 14%.
En un entorno de crédito caro y altos costos de construcción, el comprador busca algo más que belleza. Busca previsibilidad financiera, menos decisiones pendientes y una vivienda funcional desde el primer día.
Estas asociaciones no demuestran que una chimenea o una ducha exterior, por sí solas, aumenten el valor de una propiedad. La ubicación, la calidad de la construcción y el perfil del inmueble también influyen. Sin embargo, la combinación de ambas revela una tendencia: el mercado está empezando a premiar las propiedades que prometen un ritmo de vida más pausado, una mayor identidad y menos complicaciones operativas. El valor reside no solo en lo que la casa posee, sino en el estilo de vida que parece posibilitar.
La expansión del sector inmobiliario dedicado al bienestar refuerza esta tendencia. En una actualización publicada en mayo de 2026, el Global Wellness Institute estimó que el sector alcanzaría los 876.000 millones de dólares en 2025, con la posibilidad de llegar a los 1,8 billones de dólares en 2030.
En esta carrera hay oportunismo: acumular gimnasios, spas y usar el término "biofilia" no garantiza el bienestar. El cambio estratégico radica en la integración de la salud y la recuperación, antes consideradas servicios adicionales, en la concepción misma del producto inmobiliario.
Para promotores, arquitectos y marcas de mobiliario y materiales, esto cambia el enfoque. Ya no basta con diseñar un entorno que luzca bien en las fotos o que reproduzca las tendencias visuales del momento. Será necesario demostrar cómo cada decisión reduce el ruido, mejora el sueño, facilita la organización, aumenta la autonomía, permite un envejecimiento digno y se adapta a las diferentes etapas de la vida.
El diseño genera valor cuando transforma el bienestar abstracto en un desempeño cotidiano.
Un hogar no sustituye la seguridad económica, la salud pública ni las relaciones humanas. Tampoco es un refugio para quienes viven bajo la amenaza de desalojo, en condiciones precarias o bajo la violencia.
Pero en un mercado que se dirige a consumidores con poder adquisitivo, se está construyendo una nueva dimensión de valor. El próximo tesoro inmobiliario quizás no sea el mármol más exclusivo ni la habitación más fotogénica. Será la casa capaz de devolver lo que el día le ha arrebatado.
* Mônica Barbosa es consultora y curadora; con una trayectoria profesional de más de 30 años, investiga cómo el diseño estructura la percepción, el deseo, la reputación y el valor de las marcas, las empresas y las organizaciones.