¿Llegará "ChatGPTrump"? OpenAI , la empresa detrás de la popular herramienta de inteligencia artificial, está llevando a cabo negociaciones preliminares para vender una participación del 5% al gobierno de Estados Unidos como parte de un plan más amplio para salir a bolsa.
Aún en sus primeras etapas, la iniciativa —anunciada el jueves 2 de julio por el periódico británico Financial Times— representa un punto de inflexión significativo en la trayectoria de la empresa dirigida por Sam Altman , que busca equilibrar la expansión comercial, una gobernanza sólida y el cumplimiento de la normativa.
La propuesta surge en medio de un entorno de presión cada vez más intenso en Estados Unidos, donde las empresas de IA se enfrentan a interrogantes sobre seguridad, transparencia, impacto social y riesgos económicos.
Al considerar la entrada del gobierno liderado por Donald Trump como accionista minoritario, OpenAI demuestra su voluntad de adoptar un modelo de gobernanza híbrido, capaz de conciliar los intereses públicos y privados en un sector considerado estratégico para la competitividad nacional.
En los últimos años, OpenAI ha ampliado considerablemente su base de inversores. La compañía ya ha recaudado más de 1.000 millones de dólares en rondas de financiación recientes, en las que han participado fondos de capital riesgo, grandes corporaciones tecnológicas y socios estratégicos.
Según datos de CNBC , el presupuesto anual estimado ronda los 8.000 millones de dólares. En 2025, la empresa generó 13.100 millones de dólares en ingresos, pero gastó 8.000 millones de dólares en el mismo período, lo que refleja la magnitud de sus operaciones y la intensidad de los costos de investigación, chips, centros de datos y desarrollo de modelos avanzados.
Las proyecciones internas indican que este gasto podría superar los 17.000 millones de dólares estadounidenses el próximo año, debido al auge mundial de la demanda de IA generativa. La diversificación de los ingresos —que incluye licencias de tecnología, alianzas corporativas y servicios en la nube— ha sido fundamental para mantener el ritmo acelerado de la innovación.
Por lo tanto, la posible alianza podría ser de interés para ambas partes. La oferta pública inicial, de concretarse, podría atraer a nuevos inversores institucionales, aumentar la liquidez y fortalecer la posición de la empresa en un sector que crece a tasas superiores al 20% anual.
Las estimaciones del mercado indican que la salida a bolsa de OpenAI podría recaudar entre 50.000 y 100.000 millones de dólares, siempre que la empresa mantenga la valoración deseada de 1 billón de dólares.
Efectos estratégicos
Según fuentes citadas por el Financial Times y Barron's , la presencia de la administración Trump entre los inversores de OpenAI tendría efectos inmediatos y estratégicos en la empresa.
La primera de estas medidas sería el respaldo político y financiero a la tecnología desarrollada por Sam Altman. La participación del gobierno serviría como validación pública de la valoración multimillonaria de OpenAI, actualmente estimada en 852 mil millones de dólares estadounidenses y que podría superar el billón de dólares estadounidenses en el momento de su salida a bolsa.
Trump tiene un historial de apoyo activo a empresas en las que el gobierno tiene participación, como fue el caso de Intel, a la que citaba con frecuencia en sus discursos sobre competitividad industrial. Este tipo de apoyo suele influir en la percepción del mercado y podría fortalecer la confianza de los inversores institucionales cuando las acciones de OpenAI comiencen a cotizar.
El segundo beneficio sería la reducción de obstáculos regulatorios en un momento en que el gobierno estadounidense está reforzando el control sobre la publicación de modelos de IA. Anthropic , por ejemplo, vio suspendido su modelo Fable durante más de dos semanas después de que agencias federales expresaran preocupaciones de seguridad.
OpenAI también se ha visto afectada: sus modelos más recientes, agrupados bajo el nombre GPT 5.6, inicialmente solo están disponibles para un grupo restringido de clientes aprobados por la administración Trump. La presencia del gobierno como accionista minoritario podría facilitar este proceso, acelerar las aprobaciones y reducir el riesgo de interrupciones inesperadas, garantizando así la previsibilidad de los futuros lanzamientos.
El tercer efecto sería la presión sobre otras empresas líderes en IA para que acepten inversiones gubernamentales, creando un nuevo estándar de gobernanza en el sector. Esto incluiría no solo a Anthropic, la desarrolladora de Claude, sino también a gigantes como Google, Meta y Microsoft.
Esta medida también tendría un impacto geopolítico: al fortalecer el vínculo entre el gobierno y OpenAI, reduciría el riesgo de que las grandes empresas de computación en la nube opten por alojar inteligencia artificial china más barata, lo que podría debilitar el mercado de los modelos estadounidenses.
La disputa con la empresa china DeepSeek, acusada por OpenAI y Anthropic de copiar modelos avanzados, intensifica la preocupación por la dependencia externa y la necesidad de proteger el liderazgo tecnológico de Estados Unidos.
La posible implicación de la administración Trump en OpenAI se suma a una serie de medidas recientes de la Casa Blanca para ampliar su presencia en el sector privado.
Además de Intel , el gobierno anunció participaciones estratégicas en empresas como Palantir , que proporciona sistemas de análisis de datos a agencias federales, y Moderna, que se ha convertido en un elemento central de la biotecnología y la política de seguridad sanitaria.
En ambos casos, la administración justificó las inversiones como esenciales para mantener el liderazgo estadounidense en áreas consideradas críticas para la seguridad nacional. Asimismo, se están llevando a cabo negociaciones para ampliar la presencia del Estado en empresas de semiconductores, ciberseguridad e infraestructura de computación en la nube, lo que refuerza una política industrial más intervencionista.
El presidente estadounidense ha defendido públicamente que Estados Unidos necesita asegurar el control y la influencia sobre las tecnologías emergentes, especialmente en áreas donde la competencia con China y la Unión Europea se intensifica. En este contexto, la negociación con OpenAI refleja no solo una decisión empresarial, sino también un gesto geopolítico que refuerza la importancia central de la inteligencia artificial en las políticas estatales.
Por otro lado, la relación entre Sam Altman y Donald Trump, aunque no formalizada como alianza política, ha cobrado relevancia. Altman busca el diálogo con diferentes actores gubernamentales para garantizar que la IA avance de manera responsable y con previsibilidad regulatoria, mientras que Trump considera esta tecnología como uno de los pilares de la competitividad estadounidense.
Por lo tanto, la convergencia entre ambos se produce en un momento en que el sector de la IA se está convirtiendo simultáneamente en un motor económico, una herramienta estratégica y un campo de competencia internacional.