La publicación por parte del Banco Central , el viernes 31 de enero, del balance consolidado de resultados del sector público correspondiente al año 2024, aporta indicadores que refuerzan dos certezas: el desequilibrio de las cuentas públicas del año pasado, a pesar de haber registrado un superávit en diciembre y de haber cumplido el objetivo anual estipulado por el marco fiscal , y el crecimiento acelerado de la deuda pública.
Detrás de estos dos componentes se esconde la asombrosa cantidad que el sector público gastó en pagos de intereses el año pasado: casi 1 billón de reales, dinero que podría haberse utilizado para inversiones en diversos sectores, pero que en cambio sirvió para perturbar aún más la economía.
NeoFeed consultó a dos economistas para analizar las opciones del equipo económico para reducir este enorme déficit en la factura de intereses de 2025. La conclusión es que existen opciones, pero requerirán medidas gubernamentales impopulares que van en contra de la política fiscal adoptada.
Los datos consolidados del sector público publicados por el Banco Central incluyen al gobierno central (que comprende la Seguridad Social y el Tesoro, además del propio Banco Central), los estados, los municipios y las empresas estatales. Las empresas pertenecientes a los grupos Petrobras y Eletrobras, así como los bancos públicos como Banco do Brasil (BB) y Caixa Econômica Federal, quedan excluidas del cálculo.
El sector público consolidado registró un déficit primario de R$ 47.553 millones en 2024, equivalente al 0,4% del PIB. En comparación, el déficit primario de Brasil en 2024 fue mucho menor que el de México (6% del PIB), un país de mercado emergente, y el de Estados Unidos (6,4% del PIB).
En el conjunto del año, el déficit del gobierno federal de R$ 45.400 millones confirmó el cumplimiento del objetivo establecido en el marco fiscal . Además, considerando únicamente el mes de diciembre, el gobierno central, los estados, los municipios y las empresas estatales registraron un superávit combinado de R$ 15.745 millones.
La supuesta "buena noticia" —que, de hecho, no lo es— termina ahí.
En términos nominales, que incluyen los gastos por intereses, el sector público consolidado registró un déficit mucho mayor en 2024, de R$ 997.976 millones, equivalente al 8,45% del PIB, según el Banco Central. En 2023, el resultado también fue un déficit, de R$ 967.417 millones.
En otras palabras, el déficit nominal para 2024, resultante de un déficit primario de R$ 47.553 millones y pagos de intereses de R$ 950.423 millones, puso al descubierto la verdadera magnitud del agujero en la economía brasileña.
¿Por qué ha aumentado tanto el gasto en intereses? Para Roberto Padovani , economista jefe de Banco BV, la pregunta revela una característica fundamental de la dinámica de la deuda pública: que depende de su propia trayectoria.
Según él, desde que el gobierno federal, al asumir el cargo en 2023, implementó un drástico plan de gasto basado en una deuda pública ya elevada y con altas tasas de interés, no ha podido obtener ingresos de la misma magnitud desde entonces y ha tenido que endeudarse aún más. La situación empeoró en 2024, con un mayor desequilibrio fiscal.
“Cuando la deuda aumenta en un contexto global adverso, como el que está viviendo Brasil ahora, se genera incertidumbre: los flujos financieros salen del país y el dólar se ve presionado, lo que aumenta la inflación y lleva al Banco Central a subir los tipos de interés, entrando en una espiral negativa”, afirma Padovani.
Este ciclo se prolonga con un aumento en el costo de refinanciar la deuda, un empeoramiento de las tasas de interés y de la propia deuda. "Todo esto se agrava ahora por el hecho de que las tasas de interés son tan altas que probablemente frenen el crecimiento económico, reduciendo la capacidad de recaudación de impuestos", continúa Padovani.
La espiral negativa completa el ciclo con la pérdida de confianza del mercado en la trayectoria de la deuda, lo que incrementa aún más el coste de dicha deuda.
Un marco que carece de credibilidad.
El diagnóstico de Gabriel Barros , economista jefe de ARX Investimentos y exdirector de la Institución Fiscal Independiente (IFI), critica tanto los resultados del déficit primario presentados por el Banco Central como la política fiscal del gobierno.
Según él, el hecho de que el gobierno haya cumplido el objetivo de déficit primario (0,5% del PIB) no cuenta: el marco ha perdido credibilidad porque el equipo económico ha deducido una serie de gastos de este objetivo estipulado.
Además, el gobierno recibió una serie de ingresos extraordinarios de empresas estatales federales: el BNDES adelantó el pago de dividendos, al igual que Petrobras, para contribuir al equilibrio del presupuesto de 2024. Adicionalmente, el gobierno obtuvo ingresos temporales mediante acuerdos con Vale y Copel, es decir, flujos de efectivo que no se consideran ingresos recurrentes.
«En definitiva, el referente de la política fiscal siempre es la deuda pública», afirma Barros. «Lo que preocupa al mercado es la trayectoria de la deuda pública, algo que el marco actual no aborda; no se han aprobado medidas estructurales para solucionar este problema».
Según el economista, el gobierno siempre ha hecho lo mínimo indispensable para mantener el sistema a flote, realizando ajustes contables que él describe como "magia matemática". Esto termina por aumentar los pagos de intereses, ya que para el Tesoro resulta cada vez más costoso refinanciar esta deuda tanto a corto como a largo plazo.
«Lo cierto es que la trayectoria de la deuda pública está creciendo y seguirá haciéndolo; al final del mandato, el gobierno entregará una deuda entre 12 y 15 puntos porcentuales superior a la que recibió», advierte. La deuda bruta de Brasil cerró 2024 en el 76,1% del PIB, un incremento de 2,2 puntos porcentuales respecto al año anterior. Desde el inicio del gobierno de Lula, la deuda bruta ha crecido en 4,4 puntos porcentuales del PIB.
En lo que respecta a las medidas para reducir esta escalada de los tipos de interés, los dos economistas coinciden en sus diagnósticos.
Barros argumenta que el gobierno necesita implementar reformas en materia de gasto que reduzcan estructuralmente el gasto público, lo cual tendría un impacto en la percepción del riesgo. Cita la reforma administrativa, que se ha debatido desde 2017, pero para cuya implementación el gobierno aún no ha demostrado voluntad política.
Otro punto crítico es el error del gobierno al indexar los gastos a los ingresos, contraviniendo el límite de gasto, donde los ingresos se ajustaban a la inflación.
“Como resultado, todo el aumento de los ingresos fiscales que Haddad logró obtener se destinará al gasto obligatorio en salud y educación”, afirma. El problema es que esto obligará al gobierno a obtener un crecimiento extraordinario de los ingresos cada año para mantener el sistema a flote.
Finalmente, Barros propone una fusión de todas las políticas sociales, que actualmente están descentralizadas, ya que el gobierno gasta tres veces más en transferencias como porcentaje del PIB que antes de la pandemia.
"Dado que el escrutinio de las políticas sociales afecta a la popularidad, la dinámica del gobierno no se centra en arreglar la política fiscal, sino en ser reelegido", lamenta.
Padovani, de Banco BV, sugiere adoptar tres medidas más generales para reducir el crecimiento de la deuda pública y los gastos por intereses.
Una de ellas es un discurso más uniforme por parte del gobierno en lo que respecta a la reducción de gastos, sin la demora mostrada en diciembre, antes del anuncio de las medidas prometidas.
El economista también aboga por una regla fiscal más sólida que la que propone el marco teórico, según la cual el gasto debería crecer un 70% de los ingresos, pero una parte significativa del gasto (salud y educación) está indexada al PIB, que representa el 100% de los ingresos.
Finalmente, el gobierno necesita un rápido impulso de credibilidad para lograr un superávit primario mayor.
“Con estas medidas y el apoyo del Congreso, es posible tranquilizar a los inversores, e incluso si la deuda sigue aumentando, la presión sobre los flujos financieros disminuirá, el dólar debería depreciarse, el Banco Central podrá recortar los tipos de interés y la trayectoria de la deuda tenderá a mejorar, reduciendo los gastos por intereses”, afirma Padovani.