El final de mes se caracteriza por un ritmo frenético con la publicación de los indicadores oficiales. En esta ocasión, los documentos muestran los resultados de junio y, por lo tanto, cierran el primer semestre de 2026. El Banco Central y el Tesoro dominan la agenda, mientras que los agentes financieros, tras sus vacaciones y con las pilas recargadas, miran hacia agosto, mes que marca el inicio de las campañas electorales, con el equipo económico centrado en el Presupuesto de 2027, el primer año de la próxima administración .
“Agosto es el mes clave del ciclo presupuestario”, afirma Alexandre Seijas de Andrade, director del Instituto Fiscal Independiente (IFI), organismo del Senado. En declaraciones a NeoFeed , señala que en agosto el Poder Ejecutivo presenta al Congreso el Proyecto de Ley de Presupuesto Anual, que este año definirá cuánto y dónde gastará el gobierno en 2027.
“El momento es muy diferente al que guió el Presupuesto 2023, el primer año del actual gobierno. Al inicio de ese mandato, el país y el mundo aún se recuperaban de la pandemia. El Presupuesto llegó al Congreso con 145 mil millones de reales adicionales autorizados por la Enmienda Constitucional de la Transición, un margen extraordinario que le otorgó al gobierno una inusual libertad fiscal ”, recuerda Andrade, para quien “esa libertad ya no existe y no volverá”.
Según el experto, con las cifras actualizadas, el margen fiscal ha pasado de 145.000 millones de reales a unos 170.000 millones, y enumera cuatro aspectos que hacen que el escenario de 2027 sea decididamente diferente.
“En primer lugar, el marco fiscal impone objetivos de superávit primario cada vez mayores: un superávit del 0,5% del PIB en 2027, del 1,0% en 2028, del 1,25% en 2029 y del 1,5% en 2030. Objetivos cada vez más exigentes, en un contexto en el que el gobierno ni siquiera ha logrado generar un superávit efectivo: en 2025, el déficit primario real alcanzó el 0,46% del PIB, cumpliendo el objetivo en el límite inferior, con deducciones por gastos en el cálculo del objetivo e ingresos no recurrentes.”
En segundo lugar, las proyecciones más recientes del IFI, publicadas en junio de este año, indican un déficit primario del 0,6% del PIB en 2027, en comparación con un superávit del 0,5% proyectado por el gobierno en el PLDO 2027. Esto representa una diferencia de más de R$ 94 mil millones entre ambos escenarios.
En tercer lugar, los gastos obligatorios están superando el límite establecido en el marco fiscal. "El subsidio en efectivo continuo (BPC), la bonificación salarial y los pagos ordenados por los tribunales siguen una trayectoria similar, y están superando el 2,5 % permitido por el marco, lo que reduce cada vez más los gastos que sí pueden gestionarse libremente en el presupuesto".
El cuarto aspecto a considerar al evaluar el escenario al final del cuarto año del actual mandato presidencial es el creciente endeudamiento bruto. Partiendo del 80,1% del PIB en abril de 2026, el IFI proyecta un aumento al 102% del PIB en 2032 y al 115% en 2036, según el escenario base. Para estabilizar la deuda al nivel actual, afirma Andrade, sería necesario un superávit del 2,1% del PIB anual, casi cuatro veces superior al objetivo fijado para 2027.
El director del IFI reconoce que el conflicto en Oriente Medio , que volvió a elevar los precios del petróleo a finales de julio debido a la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán, mejoró los ingresos gubernamentales y alivió la trayectoria de la deuda. "Pero la mejora es temporal, no estructural", advierte el economista, quien cree que el próximo presidente tendrá que desenvolverse en un contexto complejo.
“Los objetivos de superávit son cada vez mayores y difíciles de alcanzar debido a los gastos obligatorios, que aumentan de forma dinámica y acelerada; y a una deuda que exigirá un esfuerzo fiscal mucho mayor del que el marco normativo puede generar según sus propias reglas. Sanear la política fiscal será una tarea ineludible para el ganador en octubre”, concluye.
La campaña ya ha comenzado.
El Tesoro actualizará la deuda federal y el resultado fiscal del gobierno central, que combina datos del propio Tesoro, la Seguridad Social y el Banco Central. La información sobre el mercado laboral provendrá del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) y del Ministerio de Trabajo y Empleo, a través de la Encuesta Nacional Continua de Muestreo de Hogares (PNAD Contínua) y el Registro General de Trabajadores Empleados y Desempleados (CAGED), en un contexto de creciente expectativa en torno al programa de gobierno del presidente Lula, actualmente el favorito para la reelección frente a Flávio Bolsonaro.
La principal rival de Lula ha salido a las calles. En entrevistas concedidas a la prensa y visitas a instituciones, la expresidenta de Caixa Econômica Federal, Daniella Marques, responsable de las propuestas económicas de Flávio en la precampaña, transmitió un contundente mensaje en la Avenida Faria Lima, defendiendo la austeridad, los recortes de gastos y una reforma de la gobernanza fiscal a pesar de los recurrentes "tropiezos" del candidato.
Por otro lado, en lo que respecta a la estructura del programa de Lula, la distribución de tareas resulta poco clara a pesar de la relevancia histórica de los representantes del núcleo del PT. El coordinador general de la campaña es el presidente del partido, Edinho Silva; el expresidente de Petrobras, Sérgio Gabrielli, es el líder del programa de gobierno; y el ministro de Hacienda, Darío Durigan, con el Tesoro bajo su responsabilidad, es visto como el portavoz en el ámbito económico presente y futuro.
Colaborador de confianza del exministro Fernando Haddad y su sucesor en el Ministerio, Durigan representa la continuidad en la política económica y demuestra serenidad. Pero Gabrielle, quien se reunió con inversionistas de Itaú, se excedió. Según un observador, adoptó una imagen de "verdadero PT" (Partido de los Trabajadores). En la reunión, reportada por el columnista Lauro Jardim de O Globo , defendió un Estado fuerte y grande, el aumento de la regla de ajuste del salario mínimo como una forma de incentivar a los beneficiarios a abandonar el programa Bolsa Família, una mayor participación de los bancos públicos y controles de capital.
Las directrices fueron rechazadas por el mercado financiero por insistir en una política intervencionista y orientada al bienestar que promueve el consumo y la expansión fiscal; ingredientes que van en contra de la política monetaria defendida por el Banco Central, que mantiene la firme determinación de llevar la inflación al objetivo en medio de todo tipo de escándalos financieros.