El Mundial de 2026 entra en su fase más cruel y fascinante este domingo 28 de junio: la fase eliminatoria. A partir de esta fase, conocida como los " playoffs " o dieciseisavos de final, la clasificación da paso a una confrontación directa y sin cuartel. El que gane, se queda; el que pierda, se va a casa.

No hay margen de error. Si el marcador está empatado en el tiempo reglamentario y persiste en la prórroga, entra en juego la temida tanda de penaltis, una fórmula mediante la cual, en la última edición del Mundial de 2022, Brasil fue eliminado por Croacia y Argentina se proclamó campeona al vencer a Francia .

La tanda de penaltis se ha convertido hoy en un laboratorio de presión psicológica, ciencia del comportamiento y dinero. Más que un duelo entre el lanzador y el portero, define el futuro financiero de las selecciones nacionales, los patrocinadores y las retransmisiones.

El penalti ha dejado de ser simplemente el final de un partido para convertirse en la máxima expresión del fútbol contemporáneo: precisión, presión, monetización y tecnología concentradas en un mismo instante. En fracciones de segundo, las decisiones de los lanzadores y porteros desencadenan un efecto dominó que repercute instantáneamente en los mercados bursátiles, las oficinas corporativas y las plataformas de apuestas globales.

En este Mundial, con unos ingresos que la FIFA proyecta en torno a los 9.000 millones de dólares, incluyendo 3.900 millones en derechos de retransmisión y 2.700 millones en patrocinios comerciales, el penalti concentra la mayor densidad financiera por metro cuadrado del mundo del deporte.

No es casualidad que el penalti se haya convertido en un experimento natural en la microeconomía moderna. El economista Ignacio Palacios-Huerta, de la London School of Economics, analizó 1.417 penaltis registrados entre 1995 y 2000.

El estudio, publicado en la American Economic Review en 2002 y escrito en coautoría con Pierre-André Chiappori y Steven Levitt, llegó a una conclusión que conmocionó al mundo académico: durante los penaltis, los jugadores operan bajo la Teoría del Equilibrio de Nash para estrategias mixtas, una teoría muy bien explorada en la película Una mente brillante (2001).

En términos prácticos, esto significa que los lanzadores de penaltis deben aleatorizar sus decisiones con tal precisión que las decisiones del portero sean estadísticamente indiferentes al resultado del penalti. Todo ello con una precisión que rivalizaría incluso con la de los agentes financieros más experimentados.

La imprevisibilidad de un lanzador de penaltis se ha convertido en un activo importante para las empresas. Marcas como Nike y Adidas incluyen cláusulas de rendimiento vinculadas al éxito en competiciones de formato corto, como la Copa del Mundo.

Ser eliminado en una tanda de penaltis reduce instantáneamente el valor de mercado de un jugador, genera pérdidas para los patrocinadores que tienen que cancelar campañas publicitarias y disminuye la interacción digital de las empresas asociadas con el fracaso inmediato.

Sin embargo, un buen desempeño en las tandas de penaltis puede cambiar radicalmente la vida, tanto en el mundo real como en el digital, de porteros que hasta hace poco eran completamente desconocidos, como el carismático Vozinha de Cabo Verde.

El "sesgo de acción"

A primeira disputa por pênaltis em uma Copa aconteceu em 1982, durante um clássico de semifinal disputado entre França e Alemanha (Foto: Reprodução/FIFA)

Na Copa de 1986, os franceses eliminaram o Brasil de Sócrates e Zico, nas penalidades (Foto: Reprodução/FIFA)

Em 2006, a Itália teve sua redenção ao levantar a taça contra a França nos pênaltis (Foto: Wikimedia Commons)

Em 2022, os franceses caíram novamente em uma final por pênaltis, desta vez contra a Argentina (Foto: Reprodução/FIFA)

La física de un penalti es implacable. Investigadores de la Universidad Deportiva de Colonia y la Universidad Libre de Ámsterdam calcularon que el balón recorre los 11 metros que separan el punto de penalti de la portería en 500 milisegundos, es decir, medio segundo. El portero, sin embargo, necesita al menos 600 metros para saltar hacia un lado y un segundo para llegar a la esquina. El tiempo disponible es, por definición, insuficiente. Quien reacciona después del disparo pierde.

Parar un penalti no es un reflejo, sino anticipación. Un estudio de 2023 publicado en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience demostró que los porteros de élite modulan la actividad cerebral durante la carrera de aproximación del lanzador, analizando el ángulo de la cadera y la posición del hombro.

Dos años antes, una investigación publicada en PLoS ONE reveló que, en dos tercios de los penaltis anticipados correctamente, el cerebro activaba el circuito de imágenes motoras, no el visual. El portero que realiza la parada no ve el disparo. Lo simula utilizando recuerdos de sus propios penaltis anteriores.

Sin embargo, quedarse quieto sería mejor. Michael Bar-Eli, de la Universidad Ben-Gurion, publicó un artículo en el Journal of Economic Psychology en 2007 que se convirtió en un referente en la economía conductual aplicada al deporte: los porteros que permanecen quietos en el centro detienen el 33,3 % de los penaltis, el doble que los que se lanzan hacia la derecha o la izquierda.

Sin embargo, solo el 2% permanece inmóvil. La explicación reside en lo que Bar-Eli denominó "sesgo de acción": el coste emocional y social de encajar un gol sin moverse parece insoportablemente mayor que el coste de saltar al lado equivocado.

La primera tanda de penaltis en un Mundial tuvo lugar en 1982 en España, y debutó en un clásico histórico: la semifinal entre Francia y Alemania, que terminó en un emocionante empate 3-3. Los alemanes derrotaron a la generación francesa de Platini, Tigana y compañía. Cuatro años después, los mismos franceses se vengaron, eliminando a Brasil, con Sócrates y Zico, también en la tanda de penaltis.

Desde entonces, los 11 metros que separan el punto de penalti de la línea de gol han marcado la historia del fútbol y las finanzas de este deporte.